Investigar, Desarrollar, Innovar … ¿o no?

INVESTIGAR, DESARROLLAR, INNOVAR … ¿O NO?

¿Tienen las empresas realmente mentalidad innovadora?

Una reciente conversación con unos colegas de profesión me ha hecho darle vueltas a cómo la elección e interpretación de ciertos términos representa la imagen mental que tenemos de ellos. La conversación giraba en torno a la política de innovación de las empresas. En particular, a cómo para muchas de las empresas que nos encontramos en el día a día el concepto de investigación recoge aspectos que en realidad están mucho mejor reflejados como innovación. Creo que esto da a entender lo alejado que se encuentra el modelo de algunas empresas de integrar la innovación en su proceso diario.

En Ingeniacity, cuando alguien nos pregunta qué hacemos solemos referirnos a nuestro trabajo como Ingenieria de Innovación. Esta definición la utilizamos en contraposición a modelos de ingeniería más clásicos en los que esta es restringida al ámbito del cálculo y de la composición de sistemas complejos simplemente como unión de piezas. Nuestra concepción de la ingeniería es más cercana a lo que se entiende como ingeniería de diseño. El denominarla de innovación viene a remarcar el carácter novedoso que intentamos darle a nuestro trabajo, tanto en metodología como en resultados. Para nosotros, la innovación ha de ser parte del proceso ingenieril. No en vano, la definición de la Real Academia Española (RAE) habla de ingeniería como el “Conjunto de conocimientos orientados a la invención y utilización de técnicas para el aprovechamiento de los recursos naturales o para la actividad industrial”. Es la parte de invención en la que queremos hacer énfasis.

Teniendo en cuenta la definición de ingeniería, no tendría por qué ser necesario marcar distinciones. Sin embargo, no parece ésta ser la visión en un gran número de empresas, siendo aún más sorprendente que ni siquiera lo sea en las de ingeniería. En nuestro caso particular, nos encontramos en muchas ocasiones justificando por qué lo que hacemos en nuestro día a día no es investigación.

Acudiendo de nuevo a la RAE, vemos que define investigar como: “Realizar actividades intelectuales y experimentales de modo sistemático con el propósito de aumentar los conocimientos sobre una determinada materia”. Un concepto clave en esta definición es que investigar tiene como objetivo aumentar los conocimientos. Incluso cuando nos referimos a investigación aplicada, se habla de aquellos conocimientos que apunten a una aplicación inmediata. Es decir, la investigación, por definición, está orientada al aumento del conocimiento. ¿Por qué entonces la confusión o el interés de llamar investigación a lo que no lo es? Es aquí donde personalmente considero que se refleja una forma errónea de entender el proceso de innovación.

En el mundo actual la idea de que una empresa sea innovadora está muy valorado. Crear ese tipo de imagen ayuda a vender, en muchas ocasiones incluso internamente. La empresa interioriza que lo que hace es innovador y eso resulta reconfortante a la percepción del riesgo y de su propia competitividad. ¿Es realmente cierto que la empresa es innovadora? ¿Qué tiene esto que ver con la percepción que se tenga del trabajo del resto? La relación está en un percibido escalafón entre los conceptos de investigación, desarrollo e innovación. Si la empresa considera una actividad que se le presenta como innovación algo que ella no hace, esta actividad ha de ser investigación. De otra forma, tendríamos que concluir que la empresa no hace innovación o no es innovadora.

Por supuesto que en Ingeniacity hacemos investigación. Sin embargo, el grueso de lo que hacemos es desarrollo e innovación. En los proyectos de clientes aplicamos el conocimiento adquirido a través de la investigación tanto propia como de otros. La aplicación de estos conocimientos a la creación de un nuevo producto no es investigación. Sin duda hay casos en los que el producto es tan innovador que haya requerido investigar, pero no es el común de los casos.

En nuestro caso, nos hemos encontrado situaciones en las que metodologías de ingeniería establecidas, como la ingeniería up-front son consideradas como investigación simplemente porque usan simulaciones numéricas. No hay duda que hay simulaciones que son investigación, pero su uso en el diseño de elementos no lo es. Se podría decir que es una innovación en la metodología de trabajo, pero eso no implica un producto innovador. La herramienta no hace la innovación, en todo caso ayuda. Por usar una herramienta sofisticada no se está necesariamente innovando.

Otro caso recurrente es el de ascender la actividad desarrollada. Son estos casos en los que se habla de investigación cuando en realidad se debería hablar de innovación o como mucho de desarrollo. Son casos como los de transferencia de tecnología de un sector a otro, o una sustitución de un material por otro. Esto puede ser sin duda una innovación pero poco o nada requiere de investigación en la mayoría de los casos.

Esta puede parecer una discusión simplemente semántica. Sin embargo, la imagen mental que cada término plantea tiene un efecto en la forma de trabajar. Si realmente queremos tener empresas basadas en la innovación hemos de entender de qué estamos hablando. Esto nos permitirá ser exigentes con nosotros mismos y nuestros procesos. Devolveremos así la parte de ingenio a la ingeniería.